Mitología japonesa I: dioses
Por Mikami Comics el 19 Marzo 2010
La religión mayoritaria de Japón es el Sintoismo. A pesar de los numerosos esfuerzos de los misioneros cristianos venidos de paises europeos como Portugal, España u Holanda, las prácticas paganas no fueron eliminadas. La religión sintoista se basa en el culto a múltiples dioses, “kamis“, con distintas relaciones propias de los humanos entre sí, como creían los griegos de su panteón, y creen en que residen en la naturaleza y que se puede obtener su protección viviendo en armonía con la naturaleza. El conjunto de dioses del Sintoismo no está medido con precisión, pero a este grupo se le llama en japonés “Yaoyorozu-nokami“, “ocho millones de dioses“, así que podéis imaginaros que son un buen puñado; no recomendado invitar a cenar a todos, puede salir por un pico. Hablar de todos nos llevaría tres o cuatro blogs, además de una labor de investigación más que ardua, pero sí podemos hablaros de los tres principales y que seguro todos conocéis: Amaterasu, Tsukiyomi y Susano’o.
Estos tres dioses son hermanos, pero nacidos de forma “accidental“. Sus padres fueron Izanagi e Izanami, dos dioses invitados por los “kami” a existir físicamente. Gracias a la Lanza Celestial, la “Ame-no-nuboko“, crearon la primera tierra, sobre la que crearon un palacio para residir ambos, pero aun no estaba todo hecho. El día del ritual del matrimonio, Izanami dio las gracias a las deidades por poder casarse con Izanagi, pero resulta que esto estuvo mal hecho, y se dieron cuenta el día que nacieron sus primeros hijos: Hiruko y Awashima nacieron deformes, por lo que no pudieron ser considerados dioses. Cuando preguntaron a los dioses el por qué les contaron cuál fue su error, así que repitieron el ritual del matrimonio siendo Izanagi el primero en dar las gracias, por lo que sus siguientes hijos nacieron cumpliendo todos los mandamientos y convirtiéndose en los “ôyashima“, las ocho grandes islas de Japón: Awaji, Iyo, Ouji, Tsukusi, Iki, Tsusima, Sado y Yamato. Esta nueva generación dio lugar a múltiples islas y nuevos dioses.
La desgracia llegó cuando Izanami engendró a Kagutsuchi, el fuego, muriendo en el parto. Después de que Izanagi enterrara a su esposa en el monte Hiba, tal era la ira de éste que mató al recién nacido, de cuyo cuerpo surgieron múltiples dioses. Sin pensárselo mucho, Izanagi viajó a la región de los muertos a por su mujer, el “Yomi“, “la tierra oscura de la muerte“; sin embargo llegó tarde: Izanami había comido los frutos del “Yomi“, por lo que ya era una habitante más y no podía salir de allí. Por curiosidad, Izanagi encendió una mecha para ver por última vez a su esposa, pero eso infringió una norma del “Yomi“, por lo que Izanami se enfada tanto que envía furias contra su marido, que debe huir de allí. Para escapar, bloqueó la entrada del “Yomi” con una piedra gigante la cuesta que lleva a esa región, el “Yomotsu Hirasaka“, además de romper su matrimonio con Izanami. Para purificar su cuerpo después del viaje se bañó en un lago; mientras se limpiaba, de su ojo izquierdo nació Amaterasu, del derecho Tsukiyomi, y de su nariz Susano’o. Un poco de roña vale, pero esto es pasarse, ¿no?
Comenzaremos hablando de Tsukiyomi, quizás el más tranquilo. Tsukiyomi era el dios de la Luna, y para ser dios ascendió las Escaleras Sagradas para encontrarse con su hermana. No existen apenas mitos guerreros de Tsukiyomi, pero sí tiene su historia: Amaterasu le envió como representante a reunirse con Uke Mochi, la diosa de los alimentos, que sacó de su nariz y su boca un delicioso banquete. Tsukiyomi, disgustado y envidioso, mató a Uke Mochi. Amaterasu se enfadó tanto que se negó a ver nunca más a su hermano, por lo que allá donde él estuviera ella se iba a la otra punta del mundo; este mito explica por qué el Sol y la Luna nunca se podrían encontrar.
Amaterasu era la brillante y bella diosa del Sol, la que daba luz al mundo con su presencia. Cuando su padre repartió su reino entre sus tres hijo, Tsukiyomi recibió la noche y la Luna, Amaterasu el Sol y el cielo, y Susano’o el rayo, la tierra y el mar. Sunano’o, disconforme con su dotación, retó a Amaterasu a una competición de creación de dioses menores: Amaterasu creó tres diosas de la espada de Susano’o, pero éste creó cinco dioses bastante violentos del collar de su hermana. A primera vista Susano’o había ganado, pero Amaterasu se adjudicó la victoria por ser su collar el que había creado la mayor cantidad de dioses; Susano’o, cabreado, destruyó la casa de Amaterasu, “hizo sus necesidades” en el salón, mató y descuartizó al caballo sagrado y destrozó el telar sagrado con el cuerpo del caballo, matando con las astillas del aparato a algunas doncellas de Amaterasu, que, asustada, se escondió en una cueva asustada de la violencia de su hermano y la selló con una piedra. Durante su encierro el mundo se comenzó a marchitar, así que era necesario que Amaterasu saliera de la cueva cuanto antes; los “Yaoyorozu-nokami” se reunieron ante la cueva, pusieron un espejo delante de la puerta y montaron una fiesta, animada por Ama No Uzume, diosa de la danza. Amaterasu, ante el ruido que escuchaba, se asomó a ver qué pasaba, y al ver su reflejo en el espejo se quedó maravillada, volviendo a salir a la superficie a iluminar el mundo. También hay que decir que mandó a su nieto a pacificar Japón, convirtiéndose su bisnieto Jinmu en el primer emperador japonés, por lo que Amaterasu es considerada la diosa protectora de la nación.
Susano’o es para echarle de comer aparte: es brutal, malhumorado, envidioso… vamos, un dios ejemplar. Después de destrozar la casa de Amaterasu fue juzgado por el Consejo de los Ochocientos Dioses y desterrado del plano celestial. Acabó en la región de Izumo, la misma de donde procedía la célebre sacerdotisa Okuni; conoció a un hombre cuyas siete hijas fueron raptadas y asesinadas por “Yamata-no-Orochi“, una gigantesca serpiente de ocho colas y ocho cabezas, que amenazaba con llevarse a la octava y última hija del hombre. Susano’o ideó una trampa: creó ocho grandes puertas, cada una con grandes barriles de sake. Dicho y hecho, cuando llegó Orochi se bebió todo el sake, cayendo al suelo borracho sin remedio, momento que aprovechó Susano’o para cortar todas sus cabezas, y de paso arrancó de su cuarta cola una bella espada, la Kusanagi, que ofreció a su hermana para implorar su perdón después de liarla. Su hermana y el consejo le perdonaron, permitiéndole volver al plano celestial.
Referencias en anime a estos dioses hay dos muy claras y fácilmente recordable:
Naruto: tres técnicas especiales de los Uchiha, perrito piloto para quien las recuerde. Exacto: Amaterasu el fuego negro, Tsukiyomi el genjutsu eterno y Susano’o el guerrero destructor.
Okami [PS2, Wii]: uno de los últimos juegos de Clover Studios es Okami, protagonizado por Amaterasu reencarnada en un lobo blanco. Te encuentras a los doce dioses de la caligrafía, con alguna ayuda de Tsukiyomi por ahí y más de una mención a Orochi, Susano’o y la Kusanagi.
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Negociar con japoneses
Por Mikami Comics el 11 Marzo 2010

Los japoneses son muy singuralares, eso lo hablamos en el anterior artículo. Su historia ha ido en algunos sentidos paralela a la nuestra, pero completamente distinta en las escalas de valores que imperaban en la socidad, y tenemos el “Bushido” como ejemplo perfecto. Pues bien, hoy os vamos a hablar de una nueva diferencia entre orientales y occidentales, el cuidado por los detalles y la tranquilidad japonesa frente a la celeridad y las prisas que ponemos los españoles, queriéndolo todo para ayer.
Las negociaciones en sí son importantes, pero hay que preparar la comitiva con mucho cuidado. Para empezar, nunca se debe ir en solitario; como mínimo deberían presentarse dos personas, ya que la mentalidad japonesa prima el trabajo en equipo y el bien comunitario al éxito individual. También debe marcarse desde el principio al jefe, a quien llevará las riendas de la negociación y del trabajo aunque nos encontremos en un grupo, la jerarquía es imprescindible tenerla clara para saber a quién hay que buscar y referirse. Procurad que el líder sea la persona con mayor edad y/o experiencia, grados muy valorados. Recordad, muy importante, llevar una buena provisión de tarjetas de visita y alguna cartera o carpeta para guardar tarjetas, más adelante entenderéis por qué. ¡Ah, no podemos olvidar un último detalle previo, el vestuario!. Los hombres deberán ir vestidos de traje y corbata, mientras que las mujeres deberán llevar una ropa más tapada y conservadora, y éstas siempre en un plano más discreto que sus compañeros masculinos.
Hora de la reunión. Imprescindible, sed puntuales, toda la negociación puede depender de que aparezcáis o no a tiempo. Lo primero que debéis hacer es presentaros, realizando la conveniente reverencia (siempre inclinando la espalda en ángulo de 30º, nunca inclinéis sólo la cabeza), todo esto que parece tan trivial forma parte del “Ojigi“, el ritual de la presentación. Aunque el contacto físico no está bien visto, aceptaron el gesto de estrecharse las manos con firmeza para adaptarse a las maneras occidentales; lo idea es realizar primero la reverencia y a continuación ofrecer la mano para estrecharla, los besos no están aceptados. Otro gesto importante en la presentación es el intercambio de tarjetas: cuando un japonés os ofrezca la tarjeta de su empresa debéis recogerla con las dos manos, como símbolo de respeto a dicha empresa, y nunca la guardéis inmediatamente, ya que daría sensación de que no apreciáis la tarjeta. Para demostrar interés en la tarjeta, y por extensión en la empresa, tomaos unos segundos para leerla y valor la información que ofrece; ¿os acordáis de la carpeta para tarjetas que comentamos en el anterior párrafo? Ya tiene un uso, guardad las tarjetas que recibáis con sumo cuidado, nunca nunca en ningún bolsillo ; a continuación ofreced las vuestras, los japoneses os devolverán estos mismos gestos.
Después de las oportunas presentaciones no debemos bajar la guardia, ya parecemos interesantes a nuestro interlocutor, ahora debemos demostrar que lo somos. Las conversaciones podrían comenzar con temas triviales sobre el tiempo y el clima del país anfitrion, gastronomía, el viaje… cualquier tema sirve para romper el hielo, pero nunca intentéis tratar los negocios desde el primer momento, ya que ningún ejecutivo japonés confiaría los intereses de su empresa a una persona a la que no conoce. Aquí debéis armaros de paciencia, ya que a lo mejor necesitáis un par de noches cenando sushi, una comida en un restaurante típico, un paseo por algún parque… Necesitáis ganaros la confianza del interlocutor, que sea él quien comience las negociaciones, y algo que ayuda es la educación y la cortesía: referiros a vuestro compañero de diálogo por medio de su apellido en lugar de su nombre de pila demuestra respeto como se hace normalmente en Japón, y alejáos de todo tipo de modismos y frases hechas, sed claros y serios.
¿Cómo encarrilar una negociación? A la vista de lo anteriormente expuesto puede parecer muy complicado, pero a la hora de la verdad es muy sencillo si respetamos una serie de detalles que gustará a nuestro compañero japonés y le hará valorar tu oferta mejor. Si os vais a sentar alrededor de una mesa, sea en un despacho o en un restaurante, los miembros de la comitiva de más alto rango se sentarán en el mejor sitio, normalmente alejados de la puerta y con las mejores vistas posibles, sentándose a su alrededor según el resto de cargos, para poder consultar decisiones con su inmediato subordinado de forma más confidencial. Otro punto a tener en cuenta es saber interpretar el silencio: si, mientras exponéis vuestras ideas (acompañarlas de elementos gráficos ayudará), veis a vuestro público japonés en silencio y/o con los ojos cerrados no os preocupéis, no se está aburriendo como una ostra, sino que está meditando tranquilamente vuestras propuestas. De primeras, nunca recibiréis un NO directo, el japonés siempre procurará evitar el conflicto directo y alterará la armonía del equipo y el conjunto de la negociación, sino que pedirán tiempo para reconsiderar el trato; como os imaginaréis, ellos esperan que os comportéis de la misma manera, así que nunca rechacéis directamente un trato, sino “dad largas” de forma sutil.
Al final de las negociaciones, especialmente si han sido fructíferas, es muy recomendable ofrecer un obsequio al líder de la delegación japonesa, será entendido como gesto de aprecio, más aun si es un artículo de marca buena y reconocida. Si sois vosotros los obsequiados, ofreced vuestra más amplia sonrisa y ni se os ocurra abrirlo delante de quien os ofrezca el presente, es considerado un gesto desconsiderado. Ofrecer flores a una mujer es buena idea, pero cuidado con no ofrecer crisantelmos, ya que son flores reservadas exclusivamente a la familia real, y si en una empresa es importante la jerarquía ni os contamos qué puede pasar…
La sociedad japonesa es extremadamente compleja, pero si cuidáis los detalles y los modales podréis enfrentaros con éxito a los negocios y tratos más duros que os imaginéis.
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Política de Japón
Por Mikami Comics el 5 Marzo 2010

Japón es un país muy especial, eso es algo que todos sabemos. Son especiales hasta en su sistema de gobierno, que se parece más de lo que pensamos al nuestro, pero dándole ese punto especial que sólo los nipones saben darle. En el artículo de hoy queremos dedicar un corto pero interesante repaso al modelo político que mantiene Japón.
El sistema de gobierno que sigue Japón es la monarquía constitucional. La cabeza más visible del país es la del Emperador, pero su papel está restringido al de intervención en ceremonias políticas o religiosas y a representación institucional del país, el máximo representante del país. Desde el año 1100 el Emperador debía dejar el poder en manos de otra figura guvernamental, primero el Shôgun y después el presidente del gobierno, a pesar de los sucesivos intentos de recuperar el poder.
Entonces, ¿quién lleva las riendas del país?. El Gobierno central es el principal órgano de gobierno, seguido por los gobiernos locales. El Gobierno central está formado por un parlamento bicameral, la Dieta (”Kokkai“) y la Cámara de los representantes (”Shûgi-dan“): la Dieta encarga el poder ejecutivo a un gabinete de gobierno, formado por el Primer Ministro y sus ministros, todos ellos civiles y designados o destituidos por el propio Primer Ministro, que deben dar cuentas a este órgano de sus acciones. La Cámara de representantes, formada por 480 representantes, es escogida por el pueblo mediante sufragio universal cada cuatro años para ejercer el por legislativo; junto con estos, está la Cámara de consejeros, “Sangi-dan“, de 247 miembros, son elegidos cada seis años.
A la hora de las elecciones, los electores no escogen a un presidente, sino a los miembros del parlamento, y son estos miembros quienes escogen al Primer Ministro. Por tanto, el Primer Ministro puede durar en el cargo años mientras consiga mantener la confianza y el voto de los miembros del parlamento, o si lo pierde en una semana éste será el tiempo que permanecerá en el sillón. Poniendo dos ejemplos, el liberal-demócrata Jun’ichiro Koizumi estuvo en el cargo durante cinco años, mientras Taro Aso duró apenas un año. Lástima, para un Primer Ministro que se declaraba abiertamente lector de manga…
Los gobiernos locales son elegidos por los votantes de la calle, aunque su poder está limitado y subordinado al gobierno central, dependientes del dinero que el gobierno asigne a cada prefactura; algo así a lo que ocurre en España con las autonomías.
Sin embargo, lo que diferencia a Japón de los demás regímenes democráticos es su carga burocrática. Los burócratas, funcionarios públicos, están en todas partes. Son ellos los que planean y ponen en práctica las medidas que el gobierno promulga, aunque en parte estas medidas están diseñadas por ellos mismos: son un fuerte grupo de influencia a las decisiones del gobierno, por lo que son un grupo al que hace falta tener contento, ya que aunque cambie el gobierno ellos permanecen en el cargo.
¿Os suenan algunas de las cosas que hemos hablado aquí? ¿Se parecen a algunas crónicas políticas de nuestro país? En el fondo no nos diferenciamos tanto, pero claro, cada uno tenemos nuestra visión particular, vive la difference.
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El Bushido II
Por Mikami Comics el 19 Febrero 2010

Hace dos semanas os dejamos con los principios del Bushido, una forma de ver la vida que fue predominante durante toda la época medieval y, especialmente, el periodo “Sengoku“, la era de las guerras civiles. Los samurais seguían un estricto código del honor que comenzó como un elemento literario y derivó hacia un código de conducta inquebrantable que traía honor a todo aquel que lo practicara, y eterna deshonra al que se atreviese a quebrantarlo. Hoy os vamos a contar más cosas sobre un noble arte que si bien no es activamente practicado hoy en día, sí ha dejado una marca imborrable.
En el anterior artículo conocimos las siete virtudes que el samurai debía seguir: la Honradez, el Valor heroico, la Compasión, la Cortesía, el Honor, la Sinceridad absoluta y la Lealtad. Sin embargo, ¿de dónde vienen estas virtudes?. La respuesta son las cuatro corrientes de pensamiento que fluyeron por Oriente en la época: el Budismo, el Zen, el Confucionismo y el Sintoísmo.
El Budismo y su particular visión de la muerte como un estado natural da tranquilidad al samurai, que parte a la batalla sin temor a morir, creyendo que en caso de morir volverá a reencarnarse, por lo que desaparece el miedo al peligro. El Zen enseña una forma de meditar para alcanzar un alto grado de autoconocimiento y de liberarse de las limitaciones, eliminando de sus corazones el miedo y la inseguridad. Las otras dos corrientes guían las relaciones con su entorno más cercano y con el más alejado. El Confucionismo le da al samurai creencias en el ser humano, su familia y su entorno inmediato: sus amigos, su familia, maestros y su señor son aquellos por los que debe dar la vida. Por último, el Sintoísmo proporciona al Bushido su lealtad y patriotismo, así como la veneración al honor, sus ancestros y sus amos. Tan importante era la relación entre el samurai y el daimyo que aquellos guerreros que carecían de señor eran llamados “ronin“, “hombre ola“, y terminaban cayendo en desgracia, ya que una vez convertidos en ronin ningún señor feudal los quería reclutar entre sus filas… salvo honrosas excepciones, como fue el grandioso Musashi Miyamoto, que aun siendo ronin fue el más grande espadachín de todos los tiempos.
Otro aspecto llamativo de los samurais era su credo, una serie de normas que seguían a rajatabla. Si quisiéramos resumir el pensamiento del mundo del Bushido, sin duda estas 21 normas son una buena forma de hacerlo:
- No tengo parientes, Yo hago que la Tierra y el Cielo lo sean
- No tengo hogar, Yo hago que el Tan T’ien lo sea
- No tengo poder divino, Yo hago de la honestidad mi poder divino
- No tengo medios, Yo hago mis medios de la docilidad
- No tengo poder mágico, Yo hago de mi personalidad mi poder mágico
- No tengo cuerpo, Yo hago del estoicismo mi cuerpo
- No tengo ojos, Yo hago del relámpago mis ojos
- No tengo oídos, Yo hago de mi sensibilidad mis oídos
- No tengo extremidades, Yo hago de la rapidez mis extremidades
- No tengo leyes, Yo hago de mi auto-defensa mis leyes
- No tengo estrategia, Yo hago de lo correcto para matar y de lo correcto para restituir mi vida mi estrategia
- No tengo ideas, Yo hago de tomar la oportunidad de antemano mis ideas
- No tengo milagros, Yo hago de las leyes correctas mis milagros
- No tengo principios, Yo hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios
- No tengo tácticas, Yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas
- No tengo talento, Yo hago que mi astucia sea mi talento
- No tengo amigos, Yo hago de mi mente mi amiga
- No tengo enemigos, Yo hago del descuido mi enemigo
- No tengo armadura, Yo hago de la benevolencia mi armadura
- No tengo castillo, Yo hago de mi mente inamovible mi castillo
- No tengo espada, Yo hago de mi No mente mi espada
A la vista de todo lo que os hemos contado hasta ahora podemos fabricarnos un perfil de samurai: un hombre creyente en el ser humano y en la protección de sus antepasados, extremadamente leal a quien consideraba su señor, capaz de eliminar cualquier miedo de su espíritu en el momento de entrar en la batalla, y, sobre todo, especialmente preocupados en su honor. El honor, igual que las tierras, eran heredadas de padres a hijos, por lo que un acto considerado “deshonroso” puede dejar a toda la descendencia marcada, por lo que restablecerlo era primordial. Lo que tardas años en ganar puedes perderlo en cuestión de segundos: robos, abusos de poder, promiscuidad… los actos que hoy consideramos como “malos” o incluso delictivos allí podían arruinar tu fama, pero había otra forma que podía ocurrir más fácilmente: la derrota en batalla. Para reparar tu honor, debías cometer “seppuku“, “suicidio ritual” o “destripamiento” y a veces mal llamado “hara-kiri“: consistía en, literamente, sacarse las tripas cortando tu vientre con una katana y, a continuación, que alguien cortase la cabeza del desdichado. ¿Cruel?. A nuestros ojos sí, pero la historia nos enseña que nada en este mundo es inmutable. Por cierto, el seppuku también era utilizado por algunos vasallos para llamar la atención a su señor sobre algún tema “a la desesperada“, como hizo Kiyohide Hirate para centrar la cabeza de su señor, Nobunaga Oda.
Por desgracia, se nos acaba el tiempo y el espacio. Sin embargo, permaneced atentos a este espacio dedicado a Japón, ya que el Bushido, en el pasado siglo XX y el presente XXI sigue influyendo, de una forma tan grande que no os lo podríais imaginar a primera vista. Nos leemos, pequeños bushis.
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El Bushido I
Por Mikami Comics el 5 Febrero 2010

Si algo caracterizaba a los antiguos samurais era su estricto código del honor, el llamado “Bushido“. En la actualidad el honor y el buen nombre del individuo y de su familia son los valores que más rápidamente asociamos a la sociedad japonesa, pero este modo de vivir viene desde muy antiguo, concretamente el periodo Sengoku.
Los primeros conceptos del Bushido aparecieron en el siglo VIII en unos textos llamados “Kojiki“, en los que se hablaba con admiración sobre los guerreros y sus modales. Sin embago, el primer texto donde se empiezan a ver los conceptos del Bushido fue en el “Shoku Nihongi“, un breve tratado sobre la historia de Japón hasta el momento, y que dedica uno de sus capítulos al ideal de poeta guerrero, denominándolo “bushi“, un término chino. Desde entonces, durante los siglos entre el XIII y el XVI se fueron gestando en la literatura los principios del Bushido, como en la historia “Heike Monogatari“, en la que se narra la historia de la lucha entre los clanes Minamoto y Taira por el control de Japón; en esta historia los héroes aparecen idealizados como guerreros cultos y que siguen un código de honor no escrito. Tanto impresionó a los nobles de la época el comportamiento noble de estos guerreros que no tardaron en instaurarlo en sus tropas, siendo el pionero Ryoshun Imagawa con sus “Regulaciones“, y se terminó extiendiendo a todo el territorio durante el periodo Sengoku.
El Bushido se basa en siete principios básicos que todo guerrero que se proclame samurai debe seguir:
- Gi – Honradez y Justicia. Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la Justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia. Para un samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia. Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.
- Yu – Valor Heroico. Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un samurai debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte. Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.
- Jin – Compasión. Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos. Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.
- Rei – Cortesía. Los samurai no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurai es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales. Un samurai recibe respeto no sólo por su fuerza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurai se vuelve evidente en tiempos de apuros.
- Meyo – Honor. El auténtico samurai sólo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quién eres en realidad. No puedes ocultarte de tí mismo.
- Makoto – Sinceridad Absoluta. Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de “dar su palabra“. No ha de “prometer“. El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer. Hablar y Hacer son la misma acción.
- Chugo – Deber y lealtad. Para el samurai, haber hecho o dicho “algo“, significa que ese “algo” le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan. Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que eres responsable, permanece fieramente fiel. Las palabras de un hombre son como sus huellas; puedes seguirlas donde quiera que vaya.
El Bushido da mucho más de sí… pero el resto lo conoceréis en una próxima entrega. La semana que viene conoceréis más detalles de este noble arte, como sus influencias y su influencia en la actualidad.
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Los tres unificadores de Japón: Ieyasu Tokugawa
Por Mikami Comics el 29 Enero 2010

Ieyasu Tokugawa es, sin duda, la figura más conocida de la historia japonesa y el último de los hombres que consiguió unificar Japón. Su aportación fue imprescindible para construir el Japón que hoy día conocemos, y con este artículo esperamos que sepáis el por qué.
En el capítulo anterior, vimos como Hideyoshi Toyotomi tenía prácticamente el 75% del país conquistado, muriendo en 1598 con un hijo de 5 años, Hideyori, y un consejo formado por cinco generales que harán de regentes hasta que Hideyori cumpliera la mayoría de edad: Toshiie Maeda, Terumoto Môri, Hideie Ukita, Kagekatsu Uesugi y nuestro protagonista, Ieyasu Tokugawa.
Nos remontaremos un poco al pasado: Ieyasu Tokugawa, cuyo nombre original era Takechiyo Matsudaira, nació en la provincia de Mikawa el 31 de Enero de 1543; hijo de Hirotada Matsudaira, creció en guerra con el clan Oda y el clan Imagawa. Hirotada, el lider del clan, era partidario de aliarse con el clan Imagawa, mientras el resto estaban del lado de los Oda. Cuando en 1548 los Oda invadieron Mikawa, Hirotada acudió Yoshimoto Imagawa, líder del clan Imagawa, para que le ayudara a luchar contra los invasores, y éste aceptó a condición de que enviara a su hijo Takechiyo a Sunpu como rehén. El ejército de Nobuhide Oda se enteró de este trato e interceptó la caravana donde iba Takechiyo y lo tomaron como prisionero; finalmente, volvió a los Imagawa a cambio de que Sessai Imagawa, tío de Yoshimoto, devolviera a Nobunaga Oda el castillo de Okazaki y a su dueño, Nobuhiro Oda. Creció en Sunpu mientras el resto del clan Matsudaira no tenía lider, ya que su padre había muerto, y que estaban obligados a ser vasallos de los Imagawa.
Con 13 años, en 1556, Takechiyo cambió su nombre a Motoyasu Matsudaira. Al poco tiempo se le permitió volver a Mikawa a cambio de luchar en las numerosas batallas que mantenían con los Oda; batallas como la de Terabe comenzaron a labrarle una fama de hábil militar. En 1560 Yoshimoto juntó 20.000 hombres y se dirigieron hacia Kyoto. Gracias a que Motoyasu fue enviado a conquistar el fuerte Marune en Mikawa y se quedó custodiándolo se salvó de la batalla de Okahazama, en la que las huestes de Nobunaga Oda erradicaron a las fuerzas de Yoshimoto Imagawa; esto también le sirvió al clan Matsudaira para librarse de la influencia de los Imagawa.
Dado que la esposa de Motoyasu y su hijo, Hideyasu, eran rehenes de Ujizane Imagawa, nuevo líder del clan, Motoyasu se alió en secreto con Nobunaga Oda, asumiendo la postura que el clan mantenía antes de la alianza con los Imagawa. En 1561 capturaron el fuerte Kaminojo, propiedad de los Imagawa, para demostrar su lealtad a los Oda, y capturaron a la familia de Nagamochi Udono, comandante del castillo, ejecutándolo. Ujizane, que veía más importancia a la vida de la familia Udono que a la de la familia de Motoyasu, accedió a un intercambio de prisioneros. Motoyasu, con libertad de acción, consiguió dominar Mikawa gracias a poderosos hombres como Tadakatsu Honda, considerado uno de los hombres más fuertes de la era Sengoku.
En 1567, con Mikawa controlado, consiguió permiso del emperador para cambiar su apellido a Tokugawa, adoptando el nombre de Ieyasu Tokugawa por el que sería conocido por la historia. Durante los años venideros, alianzas con los clanes Takeda, Uesugi y, sobre todo, Oda le ayudaron a ampliar sus territorios, sin perder de vista a Nobunaga Oda, que era a todas luces el líder de casi todo el territorio japonés. Sin embargo, a la muerte de Nobunaga fue Hideyoshi Toyotomi quien asumió este rol de casi gobernante de Japón, lo que derivó en batallas como la de Nagakute, en la que venció. Hideyoshi, viendo en Ieyasu un poderoso rival, solucionó de forma diplomática el conflicto, ofreciéndole las tierras del clan Hôjo, recién conquistadas en 1590, a cambio de algunas provincias en posesión de Ieyasu. Aceptar el trato le sirvió para establecerse en Edo, actual Tokyo, y convertirse en el segundo daimyô más poderoso del país, sólo por debajo de Toyotomi.
A la muerte de Hideyoshi en 1598 formó parte del consejo de regencia que gobernaría el país hasta la mayoría de edad de su hijo, pero Ieyasu tenía planes distintos: en 1599 tomó el castillo de Osaka, propiedad del fallecido Toshiie Maeda, lo que enfureció a los otros tres regentes vivos, junto con la política de Tokugawa de casar a sus hijos con hijos de otros líderes para escablecer pactos. La oposición a Tokugawa estaba encabezada por Mitsunari Ishida, un poderoso daimyô que se alió con los Môri, los Ukita y los Uesugi; Ieyasu, por su parte, se alió con los Date, Mogami, Satake y Maeda. En 1600 estalló el conflicto decisivo: la batalla de Sekigahara, las tropas del Este de Tokugawa contra las del Oeste de Ishida. Al final, las tropas del Este ganaron la batalla, elevando a Ieyasu Tokugawa al puesto de daimyô más poderoso de Japón: se ejecutaron a los generales del bando contrario y se ajusticiaron a algunos clanes rivales, si bien otros como los Shimazu fueron perdonados, y se relegó al clan Toyotomi al rango de un feudo normal. Fue en el año 1603 cuando fue nombrado “shôgun“, que a todos los efectos quería decir que era el gobernante único de Japón.

Su mandato, teóricamente, duró apenas dos años, hasta que abdicó en su hijo Hidetada en 1605, pero nunca dejó de ser el centro de decisiones del shogunato. En esos dos años estableció las bases de su gobierno, así como numerosas leyes y edictos que se cumplirían durante los más de 250 años que duraría el shogunato Tokugawa. Una de los aspectos que reguló fue las relaciones con los occidentales: controló los contactos con España, Portugal y Paises Bajos; con éste último mantuvo relaciones comerciales limitadas durante un tiempo, aunque terminaría expulsando a los cristianos y prohibiendo esa religión.
Finalmente murió en 1616, siendo el hombre más importante del momento en Japón, y quizás en toda la historia. Al morir se cumplió una de sus últimas voluntades, ser deidificado para poder proteger a sus descendientes del mal. Fue enterrado en el mausoleo Gongen en el templo Nikkô, donde aun reposan sus restos.
Como habréis adivinado, estamos ante el punto de inflexión de Japón, el hombre que marcaría un antes y un después en la historia, y como tal merece ser homenajeado. No han sido pocas las apariciones en anime y videojuegos de este personaje:
Sengoku Basara: llamado Devil Kings en su versión occidental, el juego incorpora algunas secuencias de anime. En ésta podemos ver a Ieyasu completamente desbordado por el ataque de Shingen Takeda, pero en el último segundo aparece su mejor baza: Tadakatsu Honda (sí, ese que parece un Gundam).
Warriors Orochi: una versión un tanto bestia de Ieyasu, que usa una lanza-cañón. En el primer juego fue derrotado por Orochi y se ve obligado a formar parte de su ejército junto a Hattori Hanzô hasta que Sun Ce decide rebelarse.
Samurai Deeper Kyô: en la versión anime, Ieyasu Tokugawa se muestra como un hombre ambicioso y sin escrúpulos, que llega a sacrificar su humanidad a cambio de poder, transformándose en kenyô. En el manga, por otra parte, es un gobernante firme, que, consciente de los sacrificios que hicieron sus hombres para que él llegara al poder, no pretende ceder un ápice.
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Los tres unificadores de Japón: Hideyoshi Toyotomi
Por Mikami Comics el 22 Enero 2010

El segundo capítulo de la serie “Los tres unificadores de Japón” nos trae a Hideyoshi Toyotomi, figura imprescindible en el proceso de unificación del país. De hecho, sin las bases que dejó asentadas tras su muerte seguramente Ieyasu Tokugawa lo habría tenido muy difícil para consolidar el shogunato. En la entrega anterior, Nobunaga Oda había conquistado gran parte del territorio japonés, pero murió en el incidente de Honnôji a manos de Mitsuhide Akechi; Hideyoshi, por su parte, estaba en plena batalla contra el clan Môri.
Sin embargo, para entender a este importante personaje, tenemos que retroceder en el tiempo. Nacido el 2 de Febrero de 1537, poco se sabe de él antes de 1570, cuando se convierte en destacado general de las tropas de Nobunaga Oda. Según historiadores, podría haber nacido en Nagoya, en la provincia de Owari, regida por el clan Oda; también se sabe que su padre fue “ashigaru“, un soldado raso, de Nobuhide Oda, padre de Nobunaga, pero que fue herido en batalla y volvió a su hogar a trabajar de agricultor. También las leyendas narran parte de su vida, como cuando su padre le envió a estudiar a un templo, pero se fugó a mitad de camino en busca de aventuras, enrrolándose en el ejército de Yoshimoto Imagawa en la provincia de Suruga, hasta que terminó fugándose con un dinero que le habían prestado.
En 1557 volvió a Owari y se unió al ejército de Nobunaga Oda, participando en la batalla de Okahezama y venciendo a Yoshimoto Imagawa, su antiguo señor. Comenzó como un simple portador de sandalias, ascendiendo vertiginosamente en el ejército gracias a sus dotes para la diplomacia, la capacidad de manipular a la gente y su capacidad de hacer amistades, sea por su caracter o a base de sobornos. De hecho, gracias a los sobornos en 1564 consiguió que el estratega Hanbei Takenaka desertara del ejército del clan Saitô de la provincia de Mino, siendo sus estrategias pieza clave de la victoria del ejército de Oda. Su consolidación como daimyô fue gracias a la victoria, en 1570, sobre los clanes Azai y Asakura, consiguiendo dicho título en 1573, consiguiendo gobernar sobre algunos distritos de la provincia de Ômi. Durante su vida como sirviente de Oda, adquirió el nombre de Hideyoshi Hashiba, ya que su falta de sangre noble no le procuró un apellido.

La verdadera historia de este hombre comienza en 1582, cuando Mitsuhide Akechi traiciona a Nobunaga Oda y éste muere en el incidente de Honnôji. Hideyoshi, por su parte, se encontraba en plena batalla contra el clan Môri; en esta coyuntura, Mitsuhide envió un mensajero a Terumoto Môri, líder del clan asediado, con la noticia de que su señor había muerto, para infundir valor a las tropas atacadas y derrotar a Hideyoshi, uno de los pocos obstáculos que tenía que salvar para llegar al poder. Sin embargo, Hideyoshi interceptó a dicho mensajero, enterándose antes que nadie de la fatal noticia; tenía Kyoto cerca, pero antes de ir tenía que terminar el asedio al castillo de los Môri, así que optó por aprovechar la orografía del terreno e inundó el castillo desviando el curso de un río. Después del caos y las innumerables bajas que sufrieron, Hideyoshi se entrevistó con Muneharu Shimizu, señor del castillo, y ofreció dejar vivir a su familia y sus soldados a cambio de la rendición; Muneharu, viendo que no había otra salida, aceptó la rendición y se suicidó vía seppuku. Terumoto Môri cedió finalmente las provincias que habían sido ocupadas por el clan Oda, por lo que la mente de Hideyoshi se trasladó a otro asunto: la sucesión de Nobunaga.
Hideyoshi movilizó a su ejército rumbo a Kyoto, pero antes hizo una parada en Settsu, donde tomó por sorpresa a Mitsuhide Akechi, siendo arrasados tanto él como su ejército, su señor vengado y un posible sustituto de Nobunaga eliminado, de un plumazo. Pero aun quedaba otro hombre en la contienda: Katsuie Shibata. Ya en Kyoto, los generales de Nobunaga se reunieron para acordar quién sería el sucesor en el poder: Katsuie apoyó a Nobutaka Oda como sucesor, mientras Hideyoshi presentó a Hidenobu Oda. No se llegó a ningún acuerdo en las llamadas “Conferencias de Kiyosu“, salvo que las tierras de los Oda se dividirían entre sus tres generales de confianza: Katsuie Shibata recibió Echizen y Ômi, Kazumasu Takigawa recibió Ise, y Hideyoshi recibió Yamashiro, Tamba y Kwatchi.
Gracias a su don de palabra, Hideyoshi consiguió fortalecer la persona de Hidenobu y su influencia en el clan. Sin embargo, sus constantes roces y diferencias con Katsuie terminaron por provocar la batalla de Shizugatake, donde Hideyoshi se alzó victorioso en 1583. La importancia de esta batalla radicó en que su victoria le puso directamente en la cabeza del clan Oda, aunque Nobukatsu Oda, otro hijo de Nobunaga, aun no había pronunciado su última palabra. Aliándose con Ieyasu Tokugawa, comenzó una campaña de difamación contra Hideyoshi, al mismo tiempo que solicitaban ayuda a otros clanes para encabezar una revuelta.
Ieyasu invadió la provincia de Owari, bastión de los Oda, por lo que Hideyoshi quiso contestar mandando tropas a dicha provincia. A mitad de camino, el general Nobuteru Ikeda sugirió enviar las tropas a Mikawa, provincia regida por los Tokugawa, aprovechando que todas las tropas estaban en Owari. Hideyoshi aceptó la idea y la llevó a cabo, pero no contó con que Ieyasu se enteró del plan y reagrupó sus tropas en Mikawa, dando lugar la batalla de Nagakute. Hideyoshi, viéndose en inferioridad de condiciones respecto a su oponente, tomó otra vía: atacó a Nobukatsu Oda, aliado de Ieyasu, haciéndole morder el polvo en varias ocasiones. Hideyoshi, victoria tras victoria, consiguió firmar la paz con los Tokugawa, que accedieron a convertirse en vasallos del clan Hashiba. El resto de batallas, en adelante, se contarían por victorias, ampliando su territorio conquistado, que llegaría a l 80% del territorio japonés y teniendo bajo su mandato a generales tan sobresalientes como Masamune Date, y cambiando su nombre a Hideyoshi Toyotomi.

Desde entonces, sus dos grandes enemigos fueron Corea y sus propios orígenes. Corea fue una antigua ambición de Nobunaga, y quería dejar huella de su grandeza conquistando este territorio; sin embargo, y a pesar de contar con soldados de clanes como los Môri, los Chosokabe o los Shimazu, no fueron rivales para el poder conjunto del ejército del imperio chino de Ming y los coreanos. De hecho, a día de hoy Hideyoshi Toyotomi se considera enemigo histórico del país en Corea. Por otro lado, sus orígenes humildes eran la excusa perfecta para que el emperador le negara el título de “Shogun“, aunque consiguió escalar posiciones sociales adquiriendo el título de “Kanpaku“, “regente imperial“, y, al retirarse, creó el título de “Taikô“, “general retirado“, para justificar su paulatino ascenso al poder. Su muerte en 1598 encendieron la mecha de una bomba que explotaría dos años después: la batalla de Sekigahara.
Al igual que Nobunaga, Hideyoshi dejó su legado cultural a las futuras generaciones. Durante su mandato proclamó el desarme de todo aquel civil que no fuera samurai, estableciendo el sistema de clases sociales que seguiría los siguientes 250 años. También fue el primer gobernante en hacer un censo de la población y las tierras, con el objetivo de controlar si los campesinos estaban armados, y de paso conocer mejor los recursos disponibles para su mejor aprovechamiento. Un aspecto cultural que potenció esta época fue la ceremonia de té, de la cual Hideyoshi era un practicante de forma casi religiosa.
De los tres grandes unificadores del país, Hideyoshi Toyotomi es el que menos representaciones ha tenido en el mundo del anime, apenas en algunos videojuegos basados en la época:
Onimusha: Dawn of Dreams: En Onimusha 3, Samanosuke Akechi y Jacques LeBlanc acabaron con Nobunaga Oda, terminando la invasión genma… hasta que alguien volvió a traerlos a nuestro mundo para conquistar el país. En este caso, Hideyoshi Toyotomi tomó el testigo de malo maloso.
Warriors Orochi: en el primer juego es uno de los primeros personajes que puedes conseguir en el capítulo “Sengoku“, junto con Mitsuhide Akechi y Nobunaga Oda. Viste una armadura dorada, va armado con un bastón triple y uno de sus ataques especiales consiste en sobornar al enemigo para que, temporalmente, ataque a nuestros enemigos a modo de distracción mientras entras a repartir leña.
Sengoku Basara 2: si bien en la primera parte Nobunaga era el rival a batir, ahora es Hideyoshi Toyotomi, un bestia enfundada en una armadura roja y capaz de usar magma para atacar al enemigo, quien quiere continuar el plan de su señor. Esta vez los miembros de la alianza anti-Oda será anti-Toyotomi.
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Los tres unificadores de Japón: Nobunaga Oda
Por Mikami Comics el 8 Enero 2010

Nobunaga Oda ha pasado a la historia de Japón por ser el primero en iniciar la conquista y unificación de Japón. Japón, desde siempre, ha sido un territorio muy dividido por los señores feudales, que, aunque ansiaban para sí más territorios, nadie se atrevió a comenzar una conquista de todo el territorio. Para realizar esta proeza hicieron falta tres hombres que fueron decisivos: Nobunaga Oda, Hideyoshi Toyotomi e Ieyasu Tokugawa.
Empezaremos por el principio: Nobunaga Oda nació en Nagoya, en la provincia de Owari, en 1534. Procedente de una familia noble, estudió con los mejores maestros para aprender toda la cultura de la época, aunque él estaba más interesado en las armas y el mundo militar, además de que su actitud arrogante desesperaba a los sufridos maestros. Su padre, Nobuhide Oda, estaba considerado como fiel al emperador de Japón, y su relación no era casual, ya que los terrenos de la familia Oda estaban relativamente cerca de Kyoto, la capital imperial. Nobuhide conquistó los territorios de Mikawa y Mino, aunque tuvo un gran reto: Suruga y su “daimyô“, Yoshimoto Imagawa, cuyos territorios nunca pudo conquistar a pesar de haber vencido en batalla. En 1551, Nobuhide murió, dejando el camino libre a un Nobunaga de 15 años para acceder al poder.
Sin embargo, sus excentricidades vistiendo, su forma de comportarse caótica e irreverente y su forma de ser hacía que todo el mundo le tomara a broma, mientras él practicaba la cetrería y con varias armas, como el arco, la espada y las armas de fuego. Todo cambió el día que Kiyohide Hirate, uno de sus vasallos, cometió seppuku por la vergüenza que sentía de la desidia de su señor, poco interesado en tomar las riendas del clan Oda. Este suicidio no sólo conmovió a Nobunaga, sino que le hizo comenzar una batalla contra sus familiares para llegar al poder, llegando a matar a sus hermanos Nobutomo y Nobuyuki en el camino. Al final, en 1560, con 26 años, Nobunaga Oda consiguió el control total del clan.

Los comienzos no son fáciles: perdió la relación con la provincia de Mino debido a su falta de actuación en la batalla de Nagaragawa en 1556, y el clan Matsudaira atacó los castillos de Oda en la provincia de Mikawa en 1558. Además volvió un antiguo enemigo del pasado, Yoshimoto Imagawa, que, mediante una compleja trama de matrimonios convenidos, formó alianzas con el clan Takeda y el clan Hôjô. En 1554 y 1558 el clan Oda, inmerso aun en luchas internas, repelió ataques del clan Imagawa mientras Yoshimoto empezó a juntar soldados allá donde pasaba; según cronistas de la época, Yoshimoto se congratulaba de poseer un ejército de más de 40.000 efectivos. Sin embargo, la suerte se pondría, no por última vez, del lado de Nobunaga: en el año 1560, el ejército de Imagawa, envalentonado con sus éxitos hasta el momento, se paró a descansar y celebrar sus victorias en un cañón boscoso llamado “Dengaku-hazama“. Aprovechando el momento de embriaguez y el factor sorpresa, Nobunaga, con apenas 3000 hombres, cayó encima del ejército de Imagawa, de más de 25.000 efectivos. Dado el estado de pánico, mientras caían soldados del ejército rival, algunos hombres de Nobunaga atacaron directamente a Yoshimoto Imagawa, que cayó decapitado. En apenas dos horas, Nobunaga Oda había borrado del mapa al gran enemigo de su padre y comenzó el sueño de la unificación japonesa. Un detalle que seguro desconocéis: dos hombres escaparon de la masacre y que luego desertaron de su facción fueron Motoyasu Matsudaira y Tadakatsu Honda. Motoyasu Matsudaira seguro que no os suena, pero tal vez lo recordéis por el nombre con el que pasó a la historia: Ieyasu Tokugawa.
Para afianzar su poder, Nobunaga comenzó a realizar tratados con todos los territorios que pudo: estableció alianzas con la facción Tokugawa, a quien le cedió la provincia de Mikawa y una de sus hijas para casarse con el hijo de Ieyasu; a Azai Nagamasa, de la provincia de Ômi, le cedió a su hermana Oichi, y a Shingen Takeda, del clan Takeda de Kai una hija adoptiva. Otro punto de inflexión en la ambición de Nobunaga fue la conquista del castillo de Inabayama en la provincia de Mino, que la recuperó para sí con la colaboración de Hideyoshi Toyotomi. Desde entonces, comenzó a usar un sello que se convertiría en una de las señas de Nobunaga Oda: el “tenka fubu“, “el reino regido por la fuerza militar“. El emperador, preocupado por el nuevo dicho de Oda, le envió una comitiva para recordarle la antigua fidelidad y lealtad de su padre con el poder imperial, esperando que el joven recapacitase. Craso error.
Desde entonces, su proceso de unificación de Japón por medio de la fuerza no tuvo freno: invadió los territorios de los Azai, que le habían traicionado en su asedio a los Asakura, y los exterminó a los dos clanes completamente; luchó contra los clanes Takeda y Uesugi, de Kai y Echizen respectivamente, que habían formado una coalición anti-Oda; venció a los monjes Ikkô-Ikki y a los ninjas de Iga, y conquistó numerosos territorios, entre otros Bizen, Suruga, Ômi, Iga, Koga… Llenando los campos de batalla de cadáveres, nada podía detener el avance de Nobunaga: el río Anegawa, el monte Hiei, Mitakagahara, Nagashino… Todos fueron testigos de la grandeza de Oda.
Tal era su grandeza militar que no pudo anticipar su final por venir desde dentro: durante un asedio a las tierras de los Môri, Hideyoshi Toyotomi necesitaba ayuda en el ataque, así que Nobunaga envió a uno de sus generales de confianza, Mitsuhide Akechi, para sumarse luego en el ataque. Sin embargo, Mitsuhide tenía otros planes: a mitad de camino, avanzó al templo de Honnôji, residencia de descanso de Nobunaga, donde estaba acompañado solamente por su guardia personal y unos criados. Mitsuhide prendió fuego al templo, aunque no llegó a capturar a Oda, ya que cometió seppuku y su cuerpo ardió hasta el último pelo. Un gran final para un gran hombre.

Nobunaga Oda fue llamado por muchos el “Dairokuten Maô“, el “Rey demonio del Sexto Cielo“, ya que debido a su crueldad en el campo de batalla era temido por sus enemigos, pero al mismo tiempo su “reinado” trajo muchos cambios positivos a Japón:
- Eliminó peajes entre las fronteras de las regiones que dominaba y construyó caminos, lo que facilitó la vida a comerciantes especialmente, además de imponer el libre mercado.
- Fue el primero en utilizar armas de fuego en Japón, estando especialmente interesado en los arcabuces portugueses. Su tropa de arcabuceros era una de las más temidas de todo Japón.
- Apasionado por el cristianismo, dejó entrar por primera vez misioneros en Japón, lo que era un principio de apertura al mundo occidental. Destaca el papel del jesuita portugués Luis Frois, que hizo de cronista y amigo cercano de Nobunaga. Además, él es ed los primeros líderes japoneses que conocimos en occidente.
Nobunaga Oda, como gran personaje que fue en la era Sengoku, la época de guerras civiles, ha tenido varias representaciones en el anime y los videojuegos:
Sengoku Basara [anime, varias plataformas]: Recientemente os hemos hablado de esta saga de videojuegos y anime. En esta serie el papel de Nobunaga es el de un cruel y sanguinario guerrero que arrasa todo lo que está ante sus ojos. Se refleja la amenaza que Oda suponía para los clanes Takeda y Uesugi, la alianza anti-Oda, la traición de Azai Nagamasa, la quema de Honnôji con otro final…
Saga Onimusha [Playstation 2]: La aparición de Nobunaga Oda suele ser normalmente como antagonista, y en Onimusha esta faceta está elevada a la máxima potencia, considerándolo literamente un demonio. El protagonista, Samanosuke Akechi, es descendiente de Mitsuhide Akechi, que considera a esta figura como un héroe. En el último juego, “Dawn of Dreams“, uno de los personajes controlables es Ohatsu, una de las hijas de Oichi y Nagamasa Azai, y otro es Roberto, un compañero de viaje de Luis Frois, aquí convertido en malvado junto con Hideyoshi Toyotomi.
Saga Warriors Orochi [varias plataformas]: Para variar, Nobunaga no es siempre el malo. Koei reservó el papel de protagonista para la campaña “Sengoku” en el primer Warriors Orochi, siendo además líder de la alianza anti-Orochi, reuniendo incluso a Shingen Takeda y Kenshin Uesugi en tus filas. En el segundo juego consigues que se una a tu ejército en la campaña “Sengoku” casi al final, y en ambos juegos es una auténtica mala bestia.
La semana que viene, el segundo gran unificador: Hideyoshi Toyotomi.
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El metro de Japón
Por Mikami Comics el 24 Diciembre 2009
El metro es el sistema de transporte público por excelencia de Japón. Trenes que viajan, en su mayor parte, de forma subterranea y que transportan miles, por no decir millones, de viajeros a lo largo del día; sin duda, el eje de la movilidad de la población japonesa.
El uso del tren metropolitano en Japón comenzó en 1927, con la primera línea de metro de Tokyo, que además fue la primera de toda Asia. Quizás su uso comenzara a popularizarse a raíz de la necesidad de recorrer largas distancias en poco tiempo, y que el coche de gasolina no consiguió la suficiente aceptación en territorio japonés como para remodelar sus calles para permitir el paso masivo de vehículos. Con el tiempo, el metro fue ampliando sus lineas para llegar cada vez a más puntos de las ciudades, creando una red de conexiones tan compleja como las que existen en el cerebro humano especialmente durante la recuperación económica posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, este símbolo de la sociedad japonesa no es invulnerable: en 1995, un terremoto en la ciudad de Kobe se cobró la vida de más de 6000 personas, muchas de ellas intentando huir del metro en un ataque de pánico. El peor incidente que se recuerda es el ataque terrorista que cometió la secta “Aum Shinrikyô“, “Verdad Suprema“, que liberó gas Sarín en las instalaciones del metro, provocando 27 muertos y más de 1000 heridos.
Y es que el metro también tiene sus inconvenientes: al ser usado por tanta gente a lo largo del día, se producen masificaciones de gente impresionantes, lo que ha provocado más de un incidente en forma de contusionados o agobios y ataques de estrés. Además, está la famosa leyenda de los pervertidos del metro que tocan a las mujeres aprovechando su completa ocultación a través de la muchedumbre, lo que ha llevado a crear leyes que permitan, en las líneas más conflictivas, separar a mujeres y hombres en distintos vagones.
En el metro es una nueva muestra de la cortesía de los japoneses: los revisores van perfectamente uniformados con su traje reglamentario, guantes blancos y una gorra. Al pedir los billetes al pasaje, no dudan en quitarse la gorra y hacer una nueva reverencia, agradeciendo al pasajero su colaboración antes de proseguir su trabajo. Otra labor de los revisores es de hacer de “arietes“, empujando a la gente si andan cortos de espacio para que entren todos en los vagones. Una escena muy típica, como podéis ver en el vídeo de arriba.
No sólo los revisores, sino también los pasajeros demuestran una educación exquisita: existen líneas que los viajeros respetan antes de entrar en los vagones, sin saltarse su turno, y siempre esperan que los pasajeros que están dentro del tren salgan antes de entrar ellos, siempre todo en beneficio de la comunidad. También se confía en la honradez del ciudadano, donde apenas hay robos o hurtos en las estaciones, aparte de que hay menos medidas de seguridad “anti-colones“, lo que permite un tránsito de personas más rápido que en otras ciudades. Aparte, existen numerosos carteles con normas básicas de urbanidad, que raramente se incumplen.
El metro del Tokyo, el más grande de todo Japón y el segundo más grande del mundo después del de Moscú, recorre un total de 286 kilómetros y posee 13 líneas entre dos compañías: las 4 líneas Toei y las 9 líneas Metro de Tokyo. Se diferencian en el órgano de gobierno que las controla: Toei es llevada por el Gobierno Metropolitano de Tokyo, mientras que las demás las lleva Eidan, las Autoridades de Tránsito Rápido Teito, una corporación especial establecida por los gobiernos centrales y metropolitano de Tokyo. Ésta es una lista de las líneas que os podéis encontrar:
Líneas Metro de Tokyo:
- Línea Ginza
- Línea Marunouchi
- Línea Hibiya
- Línea Tozai
- Línea Chiyoda
- Línea Yûrakuchô
- Línea Hanzômon
- Línea Namboku
- Línea Fukutoshin
Líneas Toei
- Línea Toei Asakura
- Línea Toei Mita
- Línea Toei Shinjuku
- Línea Toei Oedo
Como siempre, el anime representa cada aspecto de la vida social de Japón, y el metro no es una excepción:
Gantz: Como visteis en el vídeo de la semana pasada, Gantz empieza su acción en el metro. Aunque se vea poca gente, normalmente las estaciones suelen estar abarrotadas.

Shin Chan: El padre de Shinosuke, Hiroshi, no va a trabajar a pie o en coche, sino en metro… a menos que lo pierda por culpa de alguna trastada de su hijo.
The World Ends With You [Nintendo DS]: Vale, no es un anime, pero quien haya jugado a esta maravilla portátil se habrá dado cuenta de los múltiples aspectos de la vida de Shinjuku, uno de los barrios más populares de Tokyo, especialmente transitado por jóvenes. No sólo podéis encontrar una estación de autobuses, sino que podéis entrar en la estación de metro de Shinjuku, justo al lado de la estatua del popular Hachiko.
Viajar en el metro es una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida si te consideras otaku, con muchas sensaciones por experimentar: la gente, las instalaciones, los innumerables carteles…
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La Torre de Tokyo
Por Mikami Comics el 18 Diciembre 2009

Si os pidiéramos una lista de los monumentos más emblemáticos de Japón, seguro que en el 99,9% de vuestras listas encontraríamos la Torre de Tokyo, un gigante desconocido para muchos y del que hoy queremos desvelar algunas de sus increibles características.
Hablaremos un poco de su historia: después de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, los japoneses se sentían derrotados y humillados por perder la guerra, sintiéndose especialmente resentidos con Estados Unidos por su terrible poder atómico y sobre todo por su gran poder económico. Japón, nación soberbia y con gran amor propio, quiso enseñarle al mundo que podían ser una gran potencia económica mundial y competir con los más grandes, y para demostrarlo el gobierno decidió en 1950 comenzar la construcción de un gran monumento a su grandiosidad. El resultado fue la Torre Eiffel propia de los tokyotas, la Torre de Tokyo, en Octubre de 1958.
No es casualidad el parecido entre el monumento parisino y el tokyota, puesto que la Takenaka Corporation se basó en este monumento para crear el nuevo icono de la arquitectura japonesa. Aun con menos fama, la Torre de Tokyo ostenta el honor de ser el mayor monumento del mundo fabricado con hierro, alcanzando la friolera de 332,6 metros de altura, ligeramente superior a la Torre Eiffel. A pesar de estar fabricada en hierro, su peso sólo alcanza las 4000 toneladas respecto a las 10100 toneladas de su rival francesa, y su precio es una cifra igual de impresionante que las citadas anteriormente: 2,8 Billones de yenes, con B, costó al estado japonés el nacimiento de esta criaturita. Desde luego, si querían lucir poderío económico lo han conseguido…
La Torre de Tokyo no es un monumento en desuso ni una simple muestra de opulencia, sino que ha sido aprovechada al máximo:
- Posee dos observatorios, uno a 150 metros de altura y otro a 250 metros, y desde cualquiera de ellos se puede conseguir una hermosa vista aérea de Tokyo e incluso, en buenas condiciones climáticas, el monte Fuji.
- Está dotada de antenas para la emisión analógica, y desde 2003 transmite en digital para la provincia de Kanto.
- En la primera planta podemos encontrar un impresionante acuario con más de 50000 peces repartidos entre 800 especies.
- En el tercer piso hay un museo de cera, y en la cuarta una galería de arte.
- Algunas tiendas para que la gente se distraiga.
- Atracción turística, accesible desde varias lineas ferroviarias, como la de Akabanebashi, línea de Oedo, Daimon, linea de Asakusa, o Kamiyacho, línea de Hibiya.
Como podéis imaginar, siendo un icono tan significativo de Japón y su gran orgullo, el anime no es ajeno como podéis ver en los siguientes ejemplos:
Gantz. Cuando Kurono y Katô mueren aparecen en el piso donde está Gantz. ¿Qué se ve de fondo para saber que no están en el cielo?. Bingo.
Card Captor Sakura. La Torre de Tokyo aparece en múltiples episodios, aquí es el escenario del enfrentamiento entre Sakura y Yue.
WitchBlade. Aunque medio Japón haya sido devorado por las aguas, la Torre de Tokyo sigue intacta. ¿Casualidad, amor por un monumento tan emblemático o demostración de que ni la naturaleza puede con este gigante de hierro?
Esperamos haberos acercado un poco a esta gran maravilla de la ingeniería. Os dejamos con una vista de pájaro de la torre, y la ferviente recomendación, si tenéis la posibilidad de hacer un viajecito a Tokyo, de no perderos las maravillas que estas miles de toneladas de hierro os ofrecen, y si habéis estado nos encantaría que nos las mandárais a blog@mikamicomics.com
Por último, una preciosa vista aérea de este coloso:
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